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| Para que el alma vibre es necesario liberarla |
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Es una historia que me ha sucedido -dijo el Baal Shem-. Viajaba en una carroza tirada por tres caballos de colores diferentes y ninguno relinchaba. Y yo no comprendía por qué. Hasta el día en que encontré a un aldeano que me gritó que aflojara las riendas. De golpe, los tres caballos se pusieron a relinchar.
En un deslumbramiento, el rabino de Sharigrod, comprendió el significado de la parábola: Para que el alma vibre, es necesario liberarla; si se la aprieta demasiado, corre el riesgo de ahogarse.
Y, sin saber por qué, se echó a llorar; era la primera vez en su vida que lloraba así, libremente, espontáneamente, sin una razón aparente. Lo que sigue es conocido: Rabi Iacov Josef se convirtió en uno de los pilares del nuevo movimiento…
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Elie Wiesel:
Retratos y leyendas jasídicas, Buenos Aires, De la Flor, 1988
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