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| Ningún templo vale una vida |
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| Un criminal que incendia el Templo, el edificio más sagrado de los judíos, será castigado solamente con treinta y nueve latigazos, pero si a un fanático se le ocurre matarlo, éste último se hace acreedor a la pena de muerte. Porque todos los templos y todos los santuarios no alcanzan el valor de la vida de un solo ser humano, sea éste un saboteador, un profanador, un enemigo de Dios y vergüenza de Dios. |
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Elie Wiesel :
Un judío, hoy, Buenos Aires, Seminario Rabínico Latinoamericano, 1981
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