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| Lejaim, siempre por la vida |
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...Un párrafo en el diario de Leib Langfuss: "Y los transportes comenzaron a llegar de Hungría y dos judíos se dirigieron a un miembro de nuestro Kommando y le preguntaron si debían rezar el Vidui, la última confesión antes de morir. Y mi camarada dijo que sí. Entonces sacaron una botella de brandy y bebieron de ella mientras gritaban Lejaim, por la vida, uno a otro con alegría sincera.
E insistieron en que mi camarada bebiera con ellos, pero se sintió demasiado incómodo y avergonzado. Y dijo que no, pero ellos no permitían que él se vaya. Le insistían que beba, que beba y que diga Lejaim. Y decían: - 'Tú debes vivir, porque debes vengarnos. Debes hacerlo. Es por eso que te decimos Lejaim, por la vida.
Y continuaron repitiendo 'Lejaim, Lejaim, nosotros nos entendemos, ¿no es verdad? Lejaim'. Y mi camarada bebió con ellos y se conmovió tanto que comenzó a llorar. Y corrió al lugar donde se estaba incinerando a judíos y ahí se quedó, llorando, durante varias horas, y siguió llorando, hasta que en un momento dado gritó: - 'Amigos, buenos amigos, ya han quemado bastante'. Al final murió en las mismas llamas. Solo nos quedan sus palabras."
Confieso que desde que leí estos documentos me resulta difícil incluso en Shabat y en las fiestas, levantar mi copa y decir Lejaim. Pero no hacerlo sería aceptar una derrota. Por lo tanto continuamos alabando la vida. Haciendo lo que otros hicieron antes que nosotros. Ahí radica la fuerza de la tradición judía: repetimos palabras y gestos que nos han llegado a través de los siglos. Lo hacemos por nosotros mismos, pero no sólo por nosotros mismos. La historia judía ha llegado ahora al momento que presenciamos la emergencia de una trama que muestra claros paralelos con la historia universal.
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Elie Wiesel:
Un judío, hoy, Buenos Aires, Seminario Rabínico Latinoamericano, 1981
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