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| No creas que el mundo es una taberna |
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No creas que el mundo es una taberna
creada para abrirse paso a la barra con codos y uñas a devorar y emborracharse mientras otros miran desde lejos con ojos vidriosos tragando desmayados saliva y apretándose el vientre que tiembla convulso. ¡Oh, no creas que el mundo es una taberna!
No creas al mundo una bolsa de comercio hecha para que el poderoso trafique con los débiles comprando el pudor de las muchachas pobres, comprando a las mujeres la leche de sus pechos, a los hombres el tuétano de sus huesos y a los niños la sonrisa, esa rara visita de sus rostros de cera... ¡Oh, no creas al mundo una bolsa de comercio!
No creas que el mundo marcha a la deriva creado para zorros y lobos, estafa y rapiña, y que el cielo es un telón para que Dios no vea y que las nubes existen para ocultar tus manos y el viento, para ahogar los gritos salvajes y la tierra, para absorber la sangre de las víctimas. ¡Oh, no creas que el mundo marcha a la deriva!
El mundo no es taberna ni bolsa ni marcha a la deriva. Todo es medido y pesado. No se evaporan una lágrima ni una gota de sangre ni se apaga inútilmente la chispa de ojo alguno. Las lágrimas se hacen río, los ríos se hacen mares, los mares, un diluvio; las chispas, un rayo. ¡Oh, no creas que no hay juez ni justicia! |
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Itsjok L. Peretz:
en Eliahu Toker: Celebración de la palabra,
Colección Raíces, Ed. Milá/AMIA y Centro Editor, Bs.As., 1989
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