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| En el judaísmo no hay iniciados y no iniciados, no hay intermediarios en la relación con Dios |
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El que sea horizontal la relación con la divinidad salva al judaísmo de distinguir entre personas consagradas y profanas, iniciadas y no iniciadas, plenos poseedores y meros participantes de la experiencia religiosa, que surgió en otras religiones. La ausencia de toda clase de sacramentos en el judaísmo también sirvió para impedir tales distingos, que en otras esferas se han convertido en una división entre dos clases o grados. Así, por encima de quienes pueden habitar sólo el dominio común de la piedad diaria, se encuentran los elegidos en un mundo especial propio, disfrutando de una verdadera relación con Dios…
Surgen así a la existencia, en una u otra forma, un clero consagrado, ordenes religiosas, el monacato, todos ellos exaltados por sobre la esfera de la vida común y dotados del privilegio especial de una "vida religiosa". Tal lo que ocurrió en el budismo, en los cultos esotéricos del mundo griego, en el catolicismo y hasta cierto punto en el pietismo; e incluso dentro del judaísmo, sus grupos místicos recurrentes tendieron de tanto en tanto a provocar resultados similares. |
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Leo Baeck:
La esencia del judaísmo, Buenos Aires, Paidós, 1964
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