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| Leyendas Jasidicas1 |
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Rabí Wolf de Zbarazh asistió un día a una pelea entre su mujer y su sirvienta. Al verla salir para acudir al tribunal rabínico, se levantó, se puso las ropas del shabat y fue también.
- ¿Por qué te has molestado? - preguntó su mujer -. No tengo necesidad de tu ayuda. - Tú no, la sirvienta sí. A ti te conocen; a ella, pobre huérfana, nadie la socorrerá, nadie defenderá su causa. - A su cochero le decía: Arroja tu látigo, te lo ruego. Si un caballo debe sufrir un castigo, ¿quién te dijo que eres tú el que debe infligirlo?
Al acudir a una ceremonia de circuncisión, salió un momento y vio al cochero que temblaba de frío. - Adentro hace calor - le dijo -. Ve. Toma un vaso, caliéntate, come algo. - ¿Pero quién cuidará de los caballos
- Yo. El cochero obró de acuerdo al deseo del maestro. Algunas horas más tarde, se encontró a Rabí Wolf de Zbarazh afuera, cerca del coche, medio congelado, haciendo grandes gestos para reanimarse y sin comprender por qué los invitados estaban tan sorprendidos. |
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Elie Wiesel:
Retratos y leyendas jasídicas, Buenos Aires, De la Flor,1988
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