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| Leyendas jasidicas 2 |
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Cualquiera que entraba a lo de Rabi Shelke con las manos extendidas, salía con un regalo. Un día en que él mismo no tenía ni una moneda, le dio a un mendigo un anillo que vio sobre la mesa. Pertenecía a su mujer que, cuando se enteró, se lamentó en voz alta:
- Es terrible; ¿no sabes que ese anillo era precioso, que era un anillo con un diamante? Entonces Rabi Shmelke se lanzó fuera de la casa en persecución del mendigo gritando: - ¡ Sabes amigo, que es un anillo precioso! ¡No te dejes engañar por el joyero! ¡ No lo vendas demasiado barato!
Basándome en la palabra del Talmud (obra enciclopédica judía de discusión, interpretación y aplicación de la Biblia hebrea) de que es suficiente que todos los hombres se arrepientan para que llegue el Mesías, decidí influir en ellos. Estaba seguro de tener éxito. ¿Pero, por donde empezar? El mundo es tan vasto. Empezaría por el país que mejor conocía: el mío. Pero era tan enorme mi país. Bueno, comenzaría por la ciudad que estaba más próxima: la mía. Pero es tan grande la ciudad… apenas la conozco. Bueno, empezaré por una calle. No, por mi casa. No, por mi familia. Bueno, empezaré por mí mismo. |
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Elie Wiesel:
Retratos y leyendas jasídicas, Buenos Aires, De la Flor,1988
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