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| La verdadera espera |
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Cuando yo era un niño leí un viejo cuento judío que no pude entender. No decía más que esto: "Ante las puertas de Roma está sentado un mendigo leproso, esperando. Es el Mesías." Intrigado, me acerqué a un anciano y le pregunté: "¿A quién espera?" Y el anciano me dio una respuesta que en ese momento no entendí y recién llegué a comprender mucho más tarde. Me dijo: "Te espera a ti."
Cuenta Elie Wiesel acerca de cierto rabí que, habiendo llegado a la conclusión que el sufrimiento humano estaba más allá de lo soportable, ascendió a los cielos y golpeó a las puertas del Mesías.--¿Por qué tardas tanto? --le preguntó--. ¿No sabes que la humanidad te espera?
--No es a mí a quien esperan --respondió el Mesías--. Algunos esperan salud y riqueza; otros, paz y sabiduría. O armonía hogareña y felicidad. No, no es a mí a quien esperan. En ese momento, cuentan, el rabí perdió la paciencia y gritó: --¡Que así sea! ¡Si no tienes sino un solo rostro, ya puede permanecer en la sombra! Si no puedes ayudar a los hombres, a todos los hombres, a resolver sus problemas, incluso el más insignificante, entonces quédate donde estás. Si aún no has comprendido que eres pan para el hambriento, una voz para el anciano desprovisto de voz, sueño para quienes pasan las noches en vela, paz para quienes no la tienen, si no has comprendido todo esto e incluso más, que toda espera es una espera por tí, entonces lo que estás diciendo es cierto: No es a tí a quien espera la humanidad.
A continuación el rabí se volvió a la tierra, reunió a sus discípulos y les prohibió desesperar. --Y recién ahora --les dijo-- comienza la verdadera espera. |
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