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| De Ernesto Renán |
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Ernesto Renán comienza el "Prefacio" del primer tomo de su Historia del pueblo de Israel con estas líneas: "Para un espíritu filosófico, es decir, para un espíritu preocupado por los orígenes del hombre, no hay en el pasado de la humanidad más que tres historias verdaderamente interesantes: la griega, la de Israel y la romana. Reunidas estas tres historias constituyen lo que puede llamarse la historia de la civilización. Pues la civilización es el resultado de la colaboración alternativa de Grecia, Judea y Roma. En semejante obra corresponde, en mi concepto, a Grecia una parte extraordinaria por haber fundado, en toda la extensión de la palabra, el humanismo racional y progresivo".
Después de enumerar los aspectos de la civilización que Grecia aportó, Renán continúa: "En el círculo de su actividad intelectual y moral, Grecia no tuvo más que una sola laguna, pero considerable. Despreció a los humildes y no experimentó las necesidades de un Dios justo. Sus filósofos, al soñar con la inmortalidad del alma, fueron tolerantes con las iniquidades del mundo. Sus religiones no pasaron de encantadoras niñerías municipales: Nunca tuvo la idea de una religión universal.
El genio radiante de una tribu pequeña establecida en un rincón perdido de Siria parecía creado para suplir este defecto del espíritu helénico. Israel no se conformó nunca con ver el mundo mal gobernado, bajo los mandatos de un Dios al cual todos suponían justo". |
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León Dujovne:
El judaísmo como cultura, Bs.As., Nueva Presencia, 1980
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